miércoles, 2 de enero de 2013


Lo que borda la ternura sobre los valles del Bierzo, lo que lentamente abolido aún palpita como un rubí en el melodioso pico de los pájaros. Así os he sentido, libres y gozosos días donde viví cansado por la luz, radiante, estremecido,  hijo de la tristeza y los relámpagos.

                                                                                                                   Juan Carlos Mestre

Es el invierno, y el Valcarce
araña claridades.

Puede la oscuridad cernirse sobre el valle
tan dilatado tiempo
que este preso sin hojas
se cuelga, como a rejas libertarias,
del cielo luminoso tras la lluvia densa.
Se hace el azul más fiero
tras la prieta montaña
del helecho sombrío.

Un aliento de liquen,
dulcificando el bosque despojado de luz.
Y un resplandor
de musgo adormecido,
en el oscuro tronco de los recios castaños.

Resuenan como copas
los valles –Valdequinta-
del valle – Valdelobas.
Las aguas
van, feroces,
escanciando la umbría. Las atezadas piedras,
como escarcha.

Y hacia arriba, en las copas
de la copa,
la rama marcescente,
como fulgor añejo,
destila luminarias.

Valle angostado. Para el hombre.
Hijo de la soledad
y del camino.


Ana N.

(Foto de Miguel)